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Extendiendo el Arco

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por Ilan Safit

Me propusieron hablar sobre el futuro de la educación Waldorf en el siglo XXI, una propuesta que acepté de inmediato, simplemente porque tiene mucho sentido.

La cuestión tiene sentido porque la educación, y en especial la educación Waldorf, está, por definición, orientada hacia el futuro. Esta es una de las cosas que hace que la educación Waldorf sea única y adecuada: que la práctica en sí misma, las horas de clase, las relaciones y el tiempo de co-presencia del niño y el maestro estén, por un lado, totalmente fundamentados en el aquí y el ahora – en el contacto cara a cara, en la eliminación de distracciones y en la vida en el presente, en este instante de la historia; en esta imagen, esta barra de pan, este movimiento del cuerpo, este número, esta idea – aunque se hayan originado en el pasado, a veces en un pasado muy remoto. Y, sin embargo, toda la situación, todo el trabajo realizado en la escuela se proyecta hacia el futuro: en la persona y la vida del futuro de este niño que se encuentra hoy en mi clase.

Como maestros Waldorf, todos ustedes saben que la misión de su trabajo, ya sea llevada a cabo entre cuatro paredes o en el jardín, es la de ayudar a estos niños en su futuro, en el futuro no sólo de sus carreras profesionales, sino el de la persona en la se convertirán. Ustedes saben que son jardineros que no tienen la capacidad de plantar una semilla y hacer que se convierta en una planta, un árbol, una flor o una fruta, pero que sí pueden darles a estos retoños el cuidado, la orientación, el apoyo y las herramientas para prosperar en este mundo, cuando emprendan su propio camino.

Respecto a estos caminos, ¿a dónde conducen?, ¿qué sucede con los estudiantes después de graduarse en Green Meadow?, ¿qué sucede con los estudiantes Waldorf, en general, cuando completan su educación primaria y secundaria y salen al mundo? ¿Dónde están, quiénes son y qué hacen después de acabar la universidad? ¿Lo sabemos? ¿Tenemos alguna idea?

Una de las mejores cosas de tener una visión desde dentro de una escuela Waldorf es la de poder ver el despliegue del arco de desarrollo, un arco que se extiende desde la guardería hasta 2º de bachillerato y mediante el cual se evidencia la transformación del niño en un adolescente. Una de las mejores cosas de una escuela Waldorf bien integrada y que funciona bien es que el profesor de arte de 2º de bachillerato, por ejemplo, puede comparar notas e imágenes con el antiguo maestro de clase de sus alumnos y visualizar el arco progresivo que va desde el dibujo de un niño de segundo curso a su autorretrato de 2º de bachillerato. Al colocar uno al lado del otro, un conjunto de dibujos producidos a lo largo de un período de tiempo prolongado, el desarrollo de este niño se hace visible, al igual que cuando se coloca lado a lado una colección de los principales libros de texto, desde el primer curso hasta el último. Esta es una manera de hacer visible el arco particular del desarrollo individual de un niño, dentro de las directrices del currículo Waldorf; al igual que el arco de desarrollo de los esquemas generales del currículo Waldorf, en sí mismo, es visible para cada maestro Waldorf informado y experimentado.

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Pero creo que ahora necesitamos extender este arco, lo cual significa, de hecho, tener una imagen más clara de lo que ha sido de una niña Waldorf después de haber abandonado la escuela, haber salido al mundo, haber atravesado la experiencia de la universidad, haber tomado algunas decisiones de vida, y que ahora tiene 35 o 47 o 62 años. ¿Dónde está ella ahora? ¿Qué está haciendo? ¿De qué manera la orientación de sus años de infancia marcó el curso de sus experiencias posteriores?

He hecho esta misma pregunta en varias escuelas Waldorf diferentes y obtuve respuestas: Son artistas y artesanos, maestros y trabajadores sociales, nutricionistas y biólogos, diseñadores y arquitectos. Independientemente de lo que estén haciendo, me parece que realizan labores comprometidas con el bienestar de las personas o con los espacios en los que las personas viven, estudian o trabajan. Pero esta es una impresión, mi impresión, basada en preguntas dispersas aquí y allá; y creo que lo que nos falta algo que es muy necesario, una imagen más clara del futuro de los niños que las escuelas Waldorf han enviado al mundo.

Y respecto a este mundo y su futuro, me parece muy claro, y ciertamente no sería el primero en sugerir esto, que el futuro de este mundo, un futuro que ya está sobre nosotros, está atrapado entre dos factores que alteran la vida: el desequilibrio ecológico y la ubicuidad de la tecnología. Estos dos factores están y continuarán alterando la experiencia humana, la existencia humana y el mundo donde ésta se lleva a cabo; la existencia del mundo es inseparable de la existencia humana.

¿Qué conexión tiene esto con el futuro de la educación Waldorf? Una muy profunda.

Empecemos por la tecnología. La educación Waldorf, como todos ustedes saben, ha tenido una relación difícil con la tecnología moderna, especialmente en los últimos años con el ascenso de lo que parece ser el dominio absoluto de las pantallas, en especial de las pantallas portátiles, que engañan a las personas para que piensen que están sosteniendo el mundo en sus manos, que todo se puede conocer al instante y que se puede llegar a cualquier lugar de inmediato. Nos alejamos cada vez más de nuestro mundo circundante, del aquí y el ahora, de la capacidad de una atención sostenida, de la capacidad de seguir una línea de pensamiento prolongada, del poder interno de una voluntad autocontrolada.

Y, sin embargo, debemos recordar, y eventualmente tendremos que encontrar maneras de instruir a nuestros estudiantes, que la historia de la encarnación humana, es decir, la historia de la civilización, de haber tallado un lugar para nosotros en el mundo físico, que es el mundo en el que aún navegamos mejor, es inseparable de la historia de la tecnología. Desde la piedra, hasta el pedernal, el palo, el fuego, la rueda, la lanza, la tienda, la choza, el arado, la lira, la flauta, la pluma, el teclado y hasta la pantalla: son todos modos de expansión de la humanidad en el mundo físico, posibilitados por las herramientas de la tecnología. El hombre es, en su núcleo interno, únicamente una cosa: aquello en lo que se ha convertido en el aquí y el ahora, en su vida física, y que fue posible gracias a estas herramientas, a la tecnología. Y esta encarnación en el mundo físico va más allá de la supervivencia, el sustento y la economía: la tecnología hace posible el arte, la escritura, la autoexpresión, la creatividad. La tecnología ya no puede ser percibida como lo contrario y opuesto a la naturaleza humana.

Lo que estoy tratando de decir es que la educación Waldorf necesita revaluar su relación con la tecnología. Desde mi punto de vista, es necesario dedicar un buen tiempo a reflexionar sobre esta cuestión, que durante un largo período se trató de manera reaccionaria para evitar los daños evidentes de la tecnología de pantallas sin control.

Necesitamos poner mucho de nuestra parte para comprender mejor el papel de la tecnología en el desarrollo del ser humano actual, para luego poder volver a las aulas y fomentar una comprensión saludable en el estudiante. Una comprensión que se traducirá en la capacidad de los estudiantes para discernir cuándo están utilizando herramientas tecnológicas y cuándo están ellos siendo utilizados por la tecnología; cuándo son las máquinas las que los ayudan en su percepción y pensamiento, y cuando les ceden su juicio a las máquinas para que hagan el trabajo por ellos, para ser por ellos.

Una mejor comprensión del papel de la tecnología en la existencia humana también es crucial para el otro factor dominante en el futuro del desarrollo, me refiero al desequilibrio ecológico. También podemos llamarla crisis medioambiental: el desequilibrio de varios sistemas de la naturaleza, que conduce a o se manifiesta en una contaminación del aire, el agua y el suelo, el aumento de los niveles de carbono en la atmósfera, la rápida extinción de varias especies, la fusión de las capas y placas de hielo, el consiguiente aumento del nivel del mar y la inundación de tierras bajas, etc. Todo esto es muy preocupante para los amantes de la naturaleza y los ecologistas, pero los problemas ambientales deben preocuparnos a todos porque están a punto de cambiarlo todo. Por ejemplo, el aumento de los niveles del mar forzará el desplazamiento humano masivo. Se prevé que Bangladesh, una nación que actualmente cuenta con 161 millones de almas, estará bajo el agua para finales de siglo. ¿Dónde irán todas estas personas?

¿Pueden ustedes imaginar los efectos de tal desplazamiento? Sus vecinos en la India, una nación que ya cuenta con 1300 millones de habitantes, muchos de los cuales viven en niveles inaceptables de pobreza, ¿darán la bienvenida a estos refugiados ambientales con los brazos abiertos y los recursos disponibles? Probablemente no.

En general, el aumento insostenible de la población humana y el justificable pero aún menos sostenible aumento, o demanda del aumento, del nivel de vida en los países en desarrollo, junto con el rápido descenso

de los recursos energéticos no renovables, dejan muy claro que los llamados problemas medioambientales retratan un futuro que pondrá a prueba e incluso pondrá en peligro diversos aspectos de la vida humana y no humana. Los problemas que llamamos ambientales han pasado a ser existenciales.

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Ahora que he logrado asustarlos, volvamos a mi pregunta anterior: ¿Qué conexión tiene esto con el futuro de la educación Waldorf?

Bueno, tanto la educación Waldorf como de los graduados Waldorf se enfrentarán a los desafíos ambientales/existenciales del panorama futuro al que he aludido. Este es su futuro. Si este futuro, en el que el clima ha cambiado y las condiciones de vida se han transformado, es una posibilidad real y evidente, ¿no es el papel del educador, cuyo trabajo se proyecta hacia el futuro, preparar o quizás incluso cambiar tal futuro? Además, ¿no está la educación Waldorf, con su fomento del respeto y el amor por la naturaleza, con su énfasis en nuestra dependencia y gratitud hacia el mundo natural, y con su compromiso fundamental con la responsabilidad ética, tan fundamental que ni siquiera lo decimos, no está la educación Waldorf orientada ya hacia la preparación de los protectores de la Tierra? ¿No hemos lanzado ya al mundo a un gran número de ecologistas?

El futuro necesita ayuda, y la educación Waldorf, con su base y perspectiva ecológicas y éticas intrínsecas, está bien posicionada para participar, quizás incluso para liderar esta ayuda.

Al presentar su nuevo enfoque educativo al público que se interesó en escuchar, Rudolf Steiner a menudo designó su misión como la preparación de una generación para la labor futura. La tarea en ese momento era reconstruir el panorama social y moral de Alemania después de la devastación de la Gran Guerra. Irónicamente, a pesar de su visión clara de largo alcance, Steiner no supo ver el futuro y la devastación aún mayor que traería la próxima Gran Guerra. Hoy, no necesitamos clarividencia para ver cómo sería el futuro si las tendencias del desequilibrio ecológico continúan en la actual dirección. La ciencia climática, junto con otros campos científicos, nos dicen claramente cuál será el futuro ecológico y cómo establecerá las condiciones físicas de un futuro social. Con este futuro en mente, estamos llamados a renovar el impulso original de la educación Waldorf para instruir a la próxima generación en su labor futura.

En la práctica, esto significa que a medida que consigamos tener una perspectiva más clara del actual futuro de los ex alumnos Waldorf, es decir, en qué y en quiénes se han convertido, podremos orientar a los futuros graduados Waldorf de manera más explícita y más concreta hacia su lugar en un futuro que necesita de ellos. En los últimos años, cada vez más profesiones y carreras de educación superior se han desarrollado y continúan desarrollándose con el objetivo de abordar la crisis ambiental que se avecina y adaptarse a una vida más sostenible. Estas incluyen diferentes ámbitos de la ciencia (ciencias del clima, ciencias de la tierra, oceanografía, ecología) pero también ingeniería, agricultura sostenible, diseño y arquitectura; economía ecológica y educación ambiental; periodismo y filosofía; además de la política medioambiental, la política y la tecnología inteligente. Estas son sólo algunas de las carreras y profesiones que esperan a los graduados Waldorf y que les permitirán a la vez desarrollarse individualmente y enfrentarse colectivamente al desafío más grande que jamás haya tenido que afrontar la humanidad.

Las generaciones X, Y y quizás incluso la Z se han caracterizado por la apatía, el desinterés y el egocentrismo de sus formas, una caracterización que a menudo se atribuye a la falta de un desafío mayor, heroico y existencial, como el que enfrentó la Gran Generación en la lucha contra el fascismo y la reconstrucción del mundo en la posguerra. Si este es el caso, entonces esta generación y las que vendrán, finalmente habrán encontrado su desafío y su llamadoa, antes siquiera de saber que la estaban buscando. Pueden llamarla generación E, de Ecología, un tema que tal vez deba introducirse como lección principal en las escuelas secundarias Waldorf para afianzar y reforzar los valores y la cosmovisión que ya se han estado fomentando en los estudiantes en años anteriores, y para guiarlos en dirección a estas múltiples profesiones y caminos individuales, que conducen en una única dirección.

Desde mi punto de vista, una perspectiva ecológica ya está en el núcleo del enfoque Waldorf; una perspectiva que busca y encuentra las relaciones y conexiones entre todas las cosas, orgánicas e inorgánicas, que forman la red de la vida y la cultura, y que incluyen al espectador, que no es ajeno a esta perspectiva. La educación Waldorf guía a sus estudiantes a mirar el mundo con simpatía. <<Simpatía>>, del griego <<sol>> <<pathos>>, “con sentimiento” significa mirar al mundo con la emoción que nos une internamente con él. La emoción, como ustedes saben, es algo interno: Si empiezas a llorar mientras ves una película, no es porque el personaje esté sufriendo; es porque sufres por el personaje. En otras palabras, no da testimonio de la emoción a la que estás expuesto externamente, sino de la emoción que experimentas internamente. Mirar al mundo con simpatía significa, desde el principio, fomentar nuestro vínculo interno con un mundo que solo parece ser externo a nosotros; cultivar un enfoque que deje claro que nosotros formamos parte del mundo y que el mundo forma parte de nosotros.

Este es uno de los sentidos en los que la educación Waldorf ya está impregnada de una visión ecológica del mundo, con la que preparamos a nuestros alumnos para que se adentren en él y encuentren sus propios caminos.

La comprensión de nuestra relación con la tecnología será necesaria en cualquiera de estos caminos, porque, así como no hubiéramos podido interrumpir el equilibrio ecológico sin todos los equipos tecnológicos y el uso indiscriminado e irreflexivo que hemos hecho de ellos, no será posible corregir este desequilibrio sin la tecnología y un uso cuidadoso y guiado de la misma.

¿Cómo veo el futuro de la educación Waldorf en el siglo XXI? Lo veo continuar, comprendiendo la clase de futuro que desarrollan los antiguos estudiantes Waldorf, repensando la cuestión de la tecnología e incorporando esta nueva comprensión en el plan de estudios de la escuela secundaria, ideando formas más explícitas de orientar a los futuros graduados Waldorf en alinear su futuro, sus logros y su realización personal, con la labor colectiva de asegurar un futuro sostenible para todos, en un mundo ecológicamente equilibrado.

ilan safit enseñó inglés en la Escuela Secundaria Rudolf Steiner, de la ciudad de Nueva York, antes de obtener su doctorado en literatura comparada en la Universidad Estatal de Nueva York, en Buffalo. Ha enseñado literatura, estudios de cine y filosofía en varias universidades de Nueva York y es el nuevo editor del Research Bulletin.

Traducción al español dentro del proyecto PerMondo para la traducción gratuita de páginas web y documentos para ONG y asociaciones sin ánimo de lucro. Proyecto dirigido por Mondo Agit.

Traductor: Mariano Re.